
Apropiación social y dignificación del campo
El impacto de esta investigación no se mide únicamente en laboratorios, análisis de suelo o indicadores de productividad. También se refleja en el rostro de los agricultores cuando descubren que sus cultivos producen más, que sus tierras responden mejor y que el trabajo de meses puede traducirse en mayores ingresos para sus familias.
Ese se ha convertido en uno de los logros más valiosos para el equipo de investigadores que ha dado vida a esta iniciativa, comprobar que la ciencia puede ir mucho más allá del laboratorio y convertirse en una herramienta real de transformación para el campo. Cada avance alcanzado no solo se refleja en cultivos más productivos y sostenibles, sino también en mejores oportunidades para quienes trabajan la tierra, contribuyendo a dignificar la labor del agricultor y a fortalecer el futuro del agro colombiano.
“El impacto real lo vemos en ellos”, destaca el profesor Rogelio Ospina. “Cuando los agricultores ven los resultados, inmediatamente los traducen en ganancias, cuánto más alimento produce o cuánto más pueden obtener por su cultivo. Ahí entendemos cómo mejoran sus condiciones de vida y su economía”.
Sin embargo, llevar la innovación al campo también implica el reto de acompañar, escuchar y generar confianza. “Muchos agricultores conocen la importancia de fertilizar, pero no siempre cuentan con criterios técnicos para hacerlo”, agregó el profesor.
Por eso, además del componente científico, el proyecto incorporó una estrategia de apropiación social del conocimiento que permitió capacitar a más de 500 agricultores en Colombia y Ecuador, promoviendo el uso de tecnologías y buenas prácticas de fertilización con potencial de transformación para el campo latinoamericano.

El respaldo que hizo posible esta investigación
Detrás de este avance también hubo una apuesta institucional y de cooperación internacional. La iniciativa contó con el apoyo de la Universidad, a través de una convocatoria interna de la Vicerrectoría de Investigación y Extensión, así como del fondo internacional FONTAGRO, organización que impulsa proyectos de innovación agrícola en América Latina y el Caribe.
El impacto de la propuesta llevó a que FONTAGRO reconociera el proyecto como finalista del Premio a la Excelencia, destacándolo como una solución innovadora para aumentar la productividad agrícola y reducir los efectos ambientales asociados a la fertilización.
“Este reconocimiento nos impulsa a seguir fortaleciendo nuestras capacidades científicas y a continuar desarrollando soluciones sostenibles para el sector agropecuario”, expresó Mónica Andrea Botero Londoño. “También abre nuevas oportunidades de colaboración, transferencia de conocimiento y trabajo conjunto con otras instituciones e investigadores de la región”.