Santiago Rivero Bolaños: «Como ingeniero no he hecho nada en concreto»

Santiago Rivero Bolaños

«Las cosas tienen un porqué y allí, a veces, la suerte toca a la puerta y se dio cuando me enteré que en San Gil, el señor Leoncio Mendoza adelantaba el proyecto ´Pueblo Arrecho´, que se estaba construyendo en su totalidad, usando materiales de la tierra y allí fui a parar. Logré hablar con él y le propuse una financiación: necesito seis volquetadas de tierra y tres tapieros que me levanten unos muros en el laboratorio de suelos de la UIS. A cambio, yo le puedo adelantar un estudio que le garantice mejoras en el producto y en la obra.

Pasaron unas semanas y ni asomo de respuesta alguna. Un día me entero que el señor Mendoza se había ido del país, bajo alguna amenaza de secuestro. No se puede nadie imaginar mi desazón y a los pocos días el desborde de alegría, cuando me llaman de la UIS para decirme que allá estaban llegando seis volquetas con tierra y un grupo de señores de sombrero, alpargatas y unas herramientas raras (pisones) y que preguntaban por mí. Obviamente en las que me vi para agilizar la autorización y eso se convirtió en todo un show en el edificio de ingenierías que se compartía con otras carreras y, aunque solo duró tres días, pues imagínese el insoportable tac…tac…tac…de los pisones, dándole sin tregua, apretando la tierra dentro de las formaletas para hacer las paredes».

La constancia dio frutos. Dos hechos más se concretaron y así, desde la perspectiva académica, lo primero fue que el Consejo de Facultad le dio visto bueno al proyecto de investigación y, de otra parte, el director del proyecto, Ricardo Cruz, no solo lo aterrizó en los alcances del proyecto qué, como estaba planteado, daba para una investigación de más de diez años. Además lo contactó con un ingeniero francés radicado en Girón, experto en ingeniería de la tierra, quien le brindaría toda la información requerida y le confirmó al entonces pichón de ingeniero, que si realmente quería hacer de este campo su proyecto de vida profesional, lo primero que debía hacer era estudiar francés; el siguiente paso, proyectarse a estudiar una maestría en el área en la Universidad de Grenoble Alpes (UGA), la única en Europa especializada en esta línea de la construcción y por último, fotocopiar un libro que su mentor llamaba ´la biblia de los saberes de la construcción en tierra´.

Reto asumido en todas sus partes: Santiago coronó su tesis con calificación laureada, estudió francés, se leyó ´la biblia´ de cabo a rabo y con grandes esfuerzos, producto de los primeros contratos para construir las primeras casas de tapia con inclusión ingenieril en Barichara, viajó a hacer su maestría en Ingeniería de la Construcción Tradicional en Francia.

A su retorno, se encuentra con el boom de Barichara epicentro de una nueva forma de vivir en un paraíso de paz y armonía, donde obviamente, hoy se multiplican las casas y las obras que este ingeniero civil le ha puesto su firma, que estampa al final de cada proyecto, dejando marcada la palma de su mano en algún lugar oculto de la casa.

«La tierra vive… la tierra habla… la tierra es memoria…la tierra es esencia…la tierra es sentimiento… la tierra es Santander.!»

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