¿Y si el petróleo deja de ser el motor de Santander?

La trampa de baja complejidad

Esta situación conduce a uno de los conceptos centrales del diagnóstico: la trampa de baja complejidad. Una economía cae en esta trampa cuando mantiene una estructura productiva concentrada en bienes y servicios poco sofisticados, con limitada incorporación de tecnología y escasa capacidad para competir en mercados de mayor valor.

Santander cuenta con productos agrícolas, recursos naturales, atractivos turísticos y capacidades industriales que podrían convertirse en fuentes importantes de riqueza. Sin embargo, buena parte de estas oportunidades todavía se aprovecha de manera primaria.

El cacao es un ejemplo: El departamento puede producir cacao de calidad, pero existe una diferencia considerable entre vender el grano como materia prima y desarrollar alrededor de él procesos de transformación, investigación, innovación, marcas, productos especializados y acceso a mercados internacionales.

La misma lógica puede aplicarse al café, el aguacate, la producción agropecuaria, la biodiversidad y el turismo. La diversificación que necesita Santander no significa abandonar aquello que ya produce. Significa agregar conocimiento y tecnología a lo que produce para aumentar su valor.

Mucho conocimiento, poca transferencia hacia la economía

Uno de los contrastes más importantes que revela el diagnóstico es que Santander posee capacidades científicas y educativas significativas, pero estas todavía no se traducen suficientemente en transformación productiva.

El departamento ocupa el cuarto lugar nacional en las pruebas Saber 11, cuenta con 303 grupos de investigación activos y dispone de una importante capacidad universitaria y científica, con la Universidad Industrial de Santader como uno de los referentes nacionales en generación de conocimiento y patentes.

Sin embargo, la inversión en Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación representa apenas el 0,81 % del PIB departamental, por debajo de la meta del 1 % y muy lejos del 3 % proyectado para 2035.

Existe, además, una alta concentración territorial de las capacidades de innovación: el 93,7 % de las patentes se concentra en Bucaramanga y su área metropolitana. El desafío consiste entonces en conectar tres elementos que con frecuencia funcionan por separado: conocimiento, empresa y territorio.

Santander no necesita construir desde cero las capacidades para una economía más sofisticada. Necesita conseguir que el conocimiento que ya existe encuentre problemas que resolver, empresas que lo demanden y territorios donde pueda convertirse en innovación.

La vulnerabilidad también se expresa en las finanzas municipales

La dependencia económica tiene una segunda dimensión que resulta fundamental: la fiscal. El 90,8 % de los municipios de Santander pertenece a la sexta categoría fiscal. El 83 % depende de transferencias nacionales y el 58,6 % presenta algún nivel de riesgo fiscal.

Estas cifras muestran que buena parte de los municipios tiene una capacidad limitada para generar ingresos propios y financiar sus necesidades.

La situación se hace aún más crítica cuando se excluyen recursos de financiación no recurrentes. En ese escenario, el nivel de riesgo aumenta en el 75,9 % de los municipios y 17 de ellos pasan de una situación de superávit a déficit.

La vulnerabilidad fiscal no es solamente una cuestión contable. Cuando un municipio no tiene suficientes ingresos propios, disminuye su capacidad para invertir en infraestructura, educación, servicios, conectividad, promoción económica y otras condiciones necesarias para mejorar la calidad de vida y atraer nuevas actividades productivas.

La debilidad económica y la debilidad fiscal terminan reforzándose mutuamente.

El riesgo de una transición sin alternativas

La urgencia de diversificar la economía aumenta ante un escenario internacional que avanza hacia la descarbonización.

La transición energética está modificando los mercados, las decisiones de inversión y las políticas comerciales de las principales economías del mundo. Los combustibles fósiles enfrentarán progresivamente mayores restricciones y presiones asociadas a la reducción de emisiones.

Para un territorio cuya economía y comercio exterior mantienen una relación tan estrecha con el petróleo, esta transformación representa un riesgo, pero también una oportunidad.

El riesgo aparece si Santander espera a que el cambio llegue para comenzar a actuar.

La oportunidad está en utilizar las capacidades construidas durante la era petrolera e infraestructura, conocimiento técnico, talento humano, experiencia industrial y capacidad empresarial para impulsar nuevas actividades.

La transición energética no tendría que significar el abandono de Barrancabermeja ni del Magdalena Medio. Puede convertirse, por el contrario, en una oportunidad para transformar la experiencia energética acumulada en capacidades para nuevas industrias.

Diversificar también significa cuidar el territorio

El futuro económico no puede analizarse separado de la realidad territorial.

Las diferencias entre provincias muestran que Santander no tiene un único modelo productivo. Cada territorio posee capacidades, recursos y oportunidades particulares.

El Magdalena Medio tiene posibilidades asociadas a la transición energética, la industria y el ecoturismo. Otras provincias cuentan con potencial agroindustrial, turístico y ambiental. El desafío consiste en identificar esas capacidades, fortalecerlas y conectarlas con mercados y conocimiento.

Esta perspectiva es especialmente importante frente a la migración de los jóvenes. Cuando las nuevas generaciones abandonan los municipios porque no encuentran oportunidades, el territorio pierde talento y capacidad productiva. Al mismo tiempo, las ciudades receptoras enfrentan mayores presiones sobre el empleo y pueden terminar absorbiendo a estos jóvenes en actividades informales.

Por eso, diversificar la economía también significa crear condiciones para que las nuevas generaciones puedan construir sus proyectos de vida en sus propios territorios.

Cuatro motores para una nueva economía

El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 plantea que la salida de esta dependencia requiere actuar simultáneamente sobre varios frentes. Uno de ellos es una transición energética justa, capaz de aprovechar la experiencia acumulada en el sector fósil para avanzar hacia energías limpias y nuevas tecnologías.

El segundo es una bioeconomía avanzada, que permita transformar la biodiversidad y la producción agropecuaria en bienes y servicios de mayor valor agregado.

El tercero es la economía del conocimiento, basada en el desarrollo de sectores digitales, software, servicios globales y otras actividades que aprovechen el talento formado en el departamento.

Y el cuarto es una reindustrialización verde, orientada a construir una manufactura más sofisticada, limpia y competitiva.

Estos motores no deben entenderse como sectores aislados. Su verdadero potencial está en las conexiones que pueden establecer entre sí y con las capacidades existentes en las diferentes provincias.

La decisión que Santander debe tomar hoy

El horizonte 2050 puede parecer distante, pero las transformaciones que necesita el departamento requieren tiempo.

Construir nuevas cadenas productivas, formar talento especializado, desarrollar capacidades de investigación, crear empresas de mayor escala y conectar territorios con mercados internacionales no son procesos que puedan improvisarse cuando desaparezcan los ingresos de una actividad.

El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 plantea, por ello, una advertencia y una oportunidad. La advertencia es que, si Santander no diversifica su economía durante los próximos años, podría enfrentar hacia 2050 un escenario de bajo crecimiento, mayor vulnerabilidad fiscal, desempleo estructural en territorios dependientes del petróleo, migración de jóvenes y una brecha cada vez mayor frente a regiones que hayan logrado construir economías más sofisticadas.

La oportunidad es que el departamento todavía cuenta con tiempo y capacidades para actuar.

Santander tiene conocimiento, talento, biodiversidad, producción agropecuaria, industria, infraestructura, instituciones educativas y una experiencia energética acumulada durante más de un siglo.

El reto consiste en conectar esos activos y convertirlos en una nueva estructura económica. No se trata de reemplazar el petróleo por otro único motor. Se trata de construir una economía capaz de funcionar con muchos motores.

Esa es, en esencia, lo que plantea la tercera problemática de Santander Visión Prospectiva 2050: no qué ocurrirá cuando termine la era del petróleo, sino qué habrá construido Santander antes de que llegue ese momento.

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